Mi historia con el arte abstracto y cubista

Quién soy y por qué pinto

Me llamo Carlos y detrás de Carpeint hay una persona que encontró en la pintura algo más que una afición. Para mí, pintar no es solo llenar un lienzo de colores: es una forma de desahogo, de ordenar lo que siento por dentro y de empezar etapas nuevas cuando la vida se complica.

Siempre me había gustado el arte, pero durante mucho tiempo lo veía como algo lejano, algo que admiraba en otros. Un día, casi por necesidad, empecé a coger pinceles, acrílicos y lienzos sin tener demasiado claro qué iba a salir de ahí. Lo que sí tenía claro era que necesitaba sacar fuera todo lo que llevaba dentro.

Desde entonces, la pintura se ha ido convirtiendo poco a poco en una parte fundamental de mi vida.

Una época complicada y el punto de cambio

Antes de llegar a este punto hubo una etapa difícil. No hace falta entrar en detalles, pero fue un momento de esos en los que te sientes bloqueado, sin energía y con la sensación de que nada termina de encajar. Esas fases en las que te cuesta ver hacia dónde tirar.

En medio de esa situación, la pintura apareció casi como una vía de escape. El primer día que me senté delante de un lienzo no tenía un plan perfecto, solo ganas de probar. Empecé a mezclar colores, a hacer formas sin pensar demasiado y a dejar que la mano se moviera.

Al terminar aquel primer cuadro sentí algo distinto: no era solo orgullo por haber creado algo, era la sensación de haber soltado peso. Entendí que pintar podía ser una herramienta para reconstruirme, para empezar de cero desde un lugar más sano y más mío.

Cómo fui encontrando mi estilo: abstracto, cubista y pop-art

Al principio probaba un poco de todo, copiando referencias, mezclando estilos y experimentando sin miedo. Con el tiempo, me di cuenta de que me sentía especialmente cómodo en tres caminos: el arte abstracto, el cubismo y el pop-art.

Me atraen las caras fragmentadas, las figuras deformadas, los planos que se cruzan y se rompen, y los colores que no piden permiso. Me gustan los fondos con confeti, las combinaciones de tonos flúor, las formas geométricas y ese punto de “caos ordenado” que tiene el cubismo cuando lo llevas a tu terreno.

También me inspira mucho el Mediterráneo: la luz, el mar, los atardeceres, el ambiente de fiesta, el carnaval… Todo eso se acaba colando en mis obras a través de los colores y de las composiciones. No busco un realismo perfecto, busco que el cuadro tenga personalidad y cuente una historia, aunque sea de forma fragmentada.

Pintar es liberar tu esclavitud

 

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